Si bien es cierto que en la resaca por consumo de bebidas alcohólicas están presentes distintos factores como la deshidratación, la irritación del sistema gástrico y el cansancio, uno de los factores más importantes son las sustancias residuales conocidas como congéneres.

Estos congéneres (metanol, histamina, acetaldehído y aceite de fusel) son los culpables de producir los efectos de resaca, debido a que son sustancias tóxicas para nuestro cuerpo, que es incapaz de descomponer su estructura molecular.

El aceite de fusel es un alcohol de “orden superior” por contar con dos o más átomos de carbono en su estructura y se forma por la fermentación a temperaturas altas, normalmente, al final de la destilación. Está presente en bebidas como whiskey, cerveza y, claro, vino (sobre todo en los tintos).

Pese a su toxicidad, el aceite de fusel, así como los otros componentes, no son peligrosos para el ser humano en cantidades bajas. El consumo normal producirá resaca, sin embargo, el consumo excesivo puede provocar ceguera o la muerte por falla hepática, ya que el hígado es incapaz de absorber todos los compuestos.

La Norma Oficial Mexicana 142-SSA1-1995 que regula las especificaciones sanitaras de las bebidas alcohólicas permite cierta cantidad de congéneres en distintos licores, ya que –aunque es posible reducir su cantidad–, es imposible eliminarlos por completo.

Un “truco” clásico para conocer qué tanta resaca provocan las distintas bebidas es por el color: bebidas oscuras = mayor resaca. Bebidas claras = menor resaca.

Así que, para evitar una resaca de antología, lo ideal es evitar, primero, el consumo excesivo; y segundo, bebidas “oscuras” como whiskey, cerveza, brandy y vino tinto, entre otras.

 

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